Sábado, 16 de mayo
Regionales

Nazis en la Patagonia: las sombras que nunca se disipan

Por Sofía Augenthaler Especial para ESTESUR

En las montañas nevadas de la Patagonia, entre chalets alpinos y lagos de aguas frías, persiste un rumor que ya es parte del ADN cultural de la región: los nazis encontraron refugio en este rincón remoto del mundo. En particular, en Río Negro. La historia no es solo mito: es un archivo de secretos, silencios y pruebas incómodas.
En San Carlos de Bariloche, Erich Priebke vivió como un ciudadano más durante casi cincuenta años. Dueño de un restaurante, respetado por parte de la comunidad alemana, fue descubierto en 1994 por el periodista estadounidense Sam Donaldson, de ABC News. Priebke había participado en la masacre de las Fosas Ardeatinas en Italia, en 1944, donde murieron 335 personas. “El hallazgo de Priebke en Bariloche fue la confirmación más brutal de que la Patagonia no era solo paisaje suizo: también era escondite”, señala Uki Goñi en su libro La auténtica Odessa, donde reconstruye cómo las redes del Vaticano y simpatizantes locales permitieron la fuga de criminales de guerra.
Pero si Priebke es historia comprobada, lo de Adolf Hitler pertenece a la zona brumosa del mito. El periodista argentino Abel Basti, autor de Bariloche nazi y El exilio de Hitler, asegura que el Führer no se suicidó en Berlín, sino que escapó a la Patagonia en submarinos alemanes que arribaron a la costa de Río Negro. “Hitler vivió en la estancia Inalco, en Villa La Angostura, hasta su muerte en los años sesenta”, ha afirmado Abel Basti en reiteradas entrevistas. Sus dichos dividen aguas: para unos, son la continuidad de un mito rentable; para otros, la persistencia de una búsqueda legítima en archivos y testimonios.
Un artículo reciente de la historiadora Marina Franco, publicado en la Universidad Nacional del Comahue, sostiene que “la comunidad alemana de Bariloche convivió con la memoria selectiva: la construcción de un imaginario alpino y turístico fue más fuerte que la voluntad de revelar complicidades con el nazismo”. Ese pacto de silencio permitió que la leyenda creciera: en la Patagonia, todo es demasiado vasto como para ser comprobado de inmediato.
En 2022, Infobae publicó una investigación sobre restos de hierro y estructuras halladas en la costa de Caleta de los Loros, en Río Negro, donde algunos exploradores creen que se hundieron submarinos nazis. “El misterio de los dos submarinos hundidos sigue alimentando teorías conspirativas, pero también la imaginación colectiva”, escribió el periodista Fernando Soriano en esa cobertura.
Hoy, en Bariloche, es posible contratar tours que ofrecen un recorrido por “las huellas nazis”. Allí se visitan la casa donde vivió Priebke, la iglesia alemana, e incluso la estancia Inalco. El investigador Carlos De Napoli, en su libro Hitler en Argentina, sostiene que el atractivo turístico “funciona como una pantalla cultural para no asumir responsabilidades más profundas de la sociedad que acogió a estos prófugos”.
Lo comprobado es inquietante: Bariloche fue refugio de Priebke, y en la región se instalaron decenas de exmilitares del Tercer Reich. Lo no comprobado, en cambio, sigue alimentando titulares: submarinos enterrados en el mar, Hitler bebiendo té con vista al Nahuel Huapi, y pactos secretos que nunca se escribieron.
Como resume Uki Goñi: “La Argentina fue un lugar hospitalario para los nazis. Y Bariloche fue, quizás, el paisaje perfecto para ocultar el horror detrás de montañas nevadas”.
 

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