Jueves, 21 de mayo
Viedma/Patagones

Taxis a 3 pesos, la parapsicóloga y el fantasma de Patagones

Por Eduardo Varela - Redacción ESTESUR

En 1993, Viedma y Patagones vivían una época de transición. La década de los 90 traía consigo el avance de la modernidad, un salto que dejaba atrás lo analógico y abrazaba las nuevas comodidades tecnológicas.
Las radios de Frecuencia Modulada florecían, llenando el dial con voces que resonaban desde los rincones más insospechados: comedores, lavaderos, garages, cualquier lugar era adecuado para lanzar una señal al aire. Al mismo tiempo, los taxis, que hasta finales de los 80 habían sido Valiant y Peugeot 404 azul con techo blanco, daban paso a modernos Fiat Duna, blancos y ágiles, que podían llamarse por teléfono —una nueva posibilidad tras la privatización de Entel— y cobraban tarifas casi ridículas, como la bajada de bandera sin costo y la tarifa fija de 3 pesos a Patagones.
La Comarca vivía su propia adolescencia de cambios, con los históricos canales de desagües que en Viedma daban paso a los bellos y hoy característicos bulevares. En medio de ese fervor modernista, hubo un fenómeno que encendió la imaginación de toda la región: la leyenda del "Fantasma de Patagones", un relato que, de haber existido Twitter, habría sido un Trending Topic mundial.
Todo comenzó con un avistamiento, o al menos eso decían. Una luz, según un testigo anónimo, fue vista en el puente Viejo, y pronto surgió el rumor de que un fantasma había aparecido en el asiento trasero de un taxi que cruzaba hacia Patagones. La leyenda creció como una bola de nieve. Unos aseguraban que se trataba del espíritu de un capitán de barco brasileño que había combatido en la región en 1827. Otros, más escépticos, lo atribuían a una estrategia comercial de una parapsicóloga que colaboraba con una radio de Patagones. Pero para muchos, el mito se convirtió en una obsesión.
Durante meses, el lugar donde se decía que aparecía el fantasma se convirtió en una atracción turística. Cientos de curiosos se congregaban cerca del Cerro de la Caballada y el cementerio, algunos portando estacas pintadas de blanco, como si esperaran encontrarse con Drácula en lugar de un espíritu patagónico. Los taxistas hacían su agosto, transportando multitudes al misterioso lugar por la modesta tarifa de 3 pesos.
La parapsicóloga, de nombre Nilda, con su popular programa en una radio ya extinta, se convirtió en la portavoz de la historia. Afirmaba que el espectro era el alma en pena de un marino que no había podido descansar en paz. Así, la leyenda adquiría un nuevo matiz: se trataba del Capitán James Shepherd, un escocés que había comandado la escuadra brasileña durante el famoso Combate del 7 de Marzo en 1827, cuando la Patagonia fue defendida heroicamente.

La Historia del Capitán Shepherd
James Shepherd era un marino que comandaba las fuerzas brasileñas en su intento de arrebatar la Patagonia a la soberanía argentina. El 7 de marzo de 1827, durante un combate que pasó a la historia, Shepherd fue abatido de un disparo en el cuello. Murió en el acto, pero no sin antes dejar tras de sí una historia que, casi dos siglos después, seguía resonando en los relatos locales.
El capitán llevaba consigo un anillo que defendió hasta el último aliento. El objeto, sin embargo, fue arrebatado por los corsarios locales que le cortaron el dedo para hacerse con él. No era solo una joya, sino un símbolo de un amor perdido. Según la leyenda, Shepherd había conocido a una mujer en Perú, esposa de un hombre acaudalado. Su romance, apasionado y prohibido, culminó con el regalo del anillo, un símbolo de un reencuentro en la vida después de la muerte. La inscripción grabada en el anillo decía: “Cuando seamos definitivamente libres, mi alma reconocerá la tuya”.
Al perder el anillo en su muerte violenta, Shepherd quedó condenado a vagar por la eternidad, incapaz de reunirse con su amante en el más allá. Desde entonces, su espíritu ronda Patagones en busca de la pieza que lo uniría nuevamente a su amada, sostiene la leyenda que se alimentó con los años.

El Fantasma del Capitán
En los meses de 1993, mientras las radios locales avivaban el mito y la parapsicóloga Nilda ganaba clientes con su teoría del alma en pena, el fantasma del capitán parecía volver a la vida, no solo en la imaginación de los ciudadanos, sino también en la voz de quienes aseguraban haberlo visto. Era el alma de un hombre incompleto, buscando desesperadamente su anillo para cerrar un capítulo eterno.
Lo más intrigante es que, según algunos, el anillo sigue hoy en manos de una conocida familia maragata, alimentando el mito y dejando en el aire la pregunta: ¿Seguirá vagando Shepherd por las calles de Patagones hasta encontrar lo que busca?
Mientras tanto, las noches de taxis llenos de curiosos y radios hablando del capitán ya forman parte del folclore local. Un paseo turístico, una anécdota para contar a los hijos. Pero para quienes creen, el fantasma sigue ahí, en algún rincón de la Comarca, esperando que alguien devuelva el anillo que un día le fue arrebatado.
 

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