Bahía San Blas: la historia detrás del puente de acceso
A casi seis décadas de su construcción, Miguel Olariaga recordó la gesta de ingeniería artesanal que unió a la localidad marítima.
La infraestructura vial del Partido de Patagones resguarda relatos de trabajo e ingenio que marcaron el desarrollo regional. Detrás de la construcción del emblemático puente de acceso a Bahía San Blas, ejecutado entre noviembre de 1967 y agosto de 1968, se destaca la historia humana de Miguel Olariaga, quien junto a su hermano Adolfo y un operario de apellido Ponce, protagonizó una verdadera gesta operativa para emplazar las estructuras fundamentales que habilitaron el paso hacia la localidad marítima.
Durante aquellos diez meses de labor intensiva, la cuadrilla tuvo a su cargo la compleja colocación de las columnas y vigas sobre el riacho. Frente a las severas dificultades técnicas de la época y la marcada escasez de recursos, los trabajadores debieron recurrir a la creatividad para trasladar la maquinaria pesada. En ese contexto, Adolfo Olariaga, quien se desempeñaba como capataz de la empresa constructora SCAC, diseñó e ideó una balsa artesanal ensamblada con un acoplado y tambores metálicos, dispositivo que permitió transportar los equipos a través del curso de agua.
Próximo a cumplir 88 años de edad, Miguel Olariaga regresó a las tierras maragatas para reencontrarse con sus afectos y rememorar la hactividad realizada en el siglo pasado. Al repasar los desafíos de la obra, el trabajador expresó su asombro por el logro alcanzado: «A veces me cuesta creer cómo hicimos ese trabajo, con una balsa armada por nosotros mismos».
Arraigo, familia y memoria en Patagones
Más allá del impacto de la infraestructura pública, la estadía en el distrito transformó de forma definitiva la vida personal de Olariaga. Durante el período en que se desarrollaron los trabajos en el riacho, el operario conoció a Luisa Giraldi, vecina del lugar con quien contrajo matrimonio, formó su familia y tuvo cuatro hijos, consolidando un vínculo afectivo permanente con la comarca.
En su retorno a la zona para evocar a los amigos y compañeros que formaron parte de aquella época, Olariaga remarcó la calidad humana de los pobladores locales que lo acompañaron durante la ejecución de la obra: «Conocí gente muy buena, de palabra, y muy amigable y honesta», afirmó con emoción sobre el sello que dejó su paso por la región.
De este modo, el relato de Miguel Olariaga —de origen platense y adopción maragata— permite resignificar la estructura del puente de Bahía San Blas, transformando el hormigón en un testimonio vivo del esfuerzo, la ingeniería artesanal y el compromiso de los trabajadores que contribuyeron a la integración territorial del Partido de Patagones.
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