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Entre la muerte de Franco y el ingreso a la Comunidad Europea, el país desmanteló siderurgia, minería, astilleros. En vez de dejar quebrar a las empresas inviables, el gobierno financió su cierre gradual con prejubilaciones, indemnizaciones y ayudas regionales. Los trabajadores no quedaban a la intemperie. Tuvo fracasos, como el vaciamiento de las cuencas asturianas, pero permitió una reconversión con paz social. Una lección que la Argentina de hoy no parece escuchar. Leer más

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