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Hay noticias que parecen hablar de transporte, pero en realidad hablan de política, economía y futuro. La ampliación de los vuelos entre Buenos Aires y Viedma que comienza este lunes 10 de agosto es una de ellas.

Viedma pasará de cuatro a seis frecuencias semanales con Aeroparque, lo que representa un aumento del 50% en la conectividad aérea. Los nuevos horarios, distribuidos entre la mañana y la tarde, no solamente agregan asientos: modifican las posibilidades de llegar, quedarse, trabajar, hacer negocios y volver.

Y ahí está la verdadera dimensión de la noticia.

Porque para una ciudad como Viedma, que durante décadas padeció cierta condición de aislamiento geográfico, cada frecuencia aérea adicional tiene un valor que excede largamente al pasajero que compra un boleto. La conectividad es infraestructura. Es una herramienta de desarrollo. Y, sobre todo, es una manera de achicar la distancia entre una capital provincial y los grandes centros de decisión del país.

La apuesta que aparece detrás de esta ampliación es interesante: que Viedma deje de ser solamente un destino final y empiece a funcionar con mayor claridad como puerta de entrada a la Costa Atlántica rionegrina.

La propia Provincia plantea esa mirada. Desde Viedma se puede acceder al río Negro, El Cóndor y el Camino de la Costa, y desde allí continuar hacia San Antonio Este, Las Grutas, Sierra Grande y Playas Doradas.

Eso obliga también a cambiar la manera de vender turísticamente la región.

Durante mucho tiempo, Viedma y la costa rionegrina fueron promocionadas como destinos separados. Pero el mapa dice otra cosa: existe un corredor natural que puede ser recorrido como una experiencia única. Río, mar, acantilados, playas, fauna, gastronomía, patrimonio y naturaleza.

La llegada de más vuelos permite que esa idea deje de ser solamente un concepto promocional y pueda transformarse en un circuito turístico concreto.

Y el calendario ayuda. La ampliación de frecuencias coincide con el inicio de la temporada de avistaje de ballenas en el Golfo San Matías, prevista para el 14 de agosto. Es decir, mientras Viedma gana conectividad, la región suma uno de sus productos turísticos más singulares.

Hay una segunda cuestión que merece atención: el impacto económico de la conectividad no se limita al turismo.

Más pasajeros significan potencialmente más movimiento para hoteles, restaurantes, taxis, remises, alquiler de vehículos, comercios, excursiones y prestadores de servicios. Pero también facilitan los viajes de empresarios, profesionales, funcionarios, técnicos y trabajadores vinculados a proyectos productivos.

La propia explicación oficial reconoce que el aumento de frecuencias responde, entre otros factores, al crecimiento de la actividad turística y al movimiento corporativo asociado a proyectos productivos y energéticos de Río Negro.

Esto es particularmente importante para Viedma.

Una capital provincial necesita conectividad no solamente porque recibe turistas, sino porque concentra organismos públicos, instituciones educativas, actividad empresarial, organizaciones sociales y decisiones políticas. Una reunión que antes podía requerir una jornada completa de viaje terrestre puede comenzar a resolverse con un vuelo temprano y regresar el mismo día.

Los horarios previstos hacen justamente posible esa lógica: lunes, martes y jueves hay vuelos matutinos entre Aeroparque y Viedma; miércoles, viernes y domingos, servicios vespertinos.

Parece un detalle operativo. No lo es.

Hay además un efecto social menos visible, pero posiblemente más importante: la conectividad también amplía oportunidades.

Para quien necesita viajar por cuestiones laborales, educativas, familiares, médicas, institucionales o comerciales, disponer de más alternativas significa depender menos de una única opción.

La conectividad reduce incertidumbre.

Si un vuelo se cancela, si aparece una urgencia o si una persona necesita modificar su viaje, contar con seis frecuencias en lugar de cuatro genera un margen que antes no existía.

Incluso los testimonios recogidos en la nota oficial reflejan esa percepción. Pasajeros frecuentes destacan que la ampliación permite planificar mejor y disponer de alternativas ante contingencias.

Y hay otro dato social interesante: la nueva conexión puede beneficiar no solamente a los viedmenses. La propia Provincia presenta a Viedma como nodo para el conjunto de la Región Atlántica.

En otras palabras: el aeropuerto de Viedma puede convertirse en una infraestructura regional.

Ahora bien, acá aparece la parte más interesante del análisis.

Tener seis vuelos no garantiza por sí mismo desarrollo. La conectividad abre una puerta; después hay que conseguir que alguien entre por ella.

El desafío para Viedma es transformar esa ventaja en actividad económica concreta.

Eso implica mejorar la promoción turística, generar paquetes, fortalecer la oferta gastronómica y hotelera, profesionalizar servicios, facilitar la movilidad hacia El Cóndor y el Camino de la Costa y construir una agenda de eventos, congresos y turismo de reuniones capaz de aprovechar la conectividad durante todo el año.

La propia gestión provincial plantea la necesidad de trabajar sobre el turismo de reuniones y de acompañar la nueva oferta aérea con acciones de promoción y comercialización.

Y hay una señal concreta en ese sentido: hasta el 30 de septiembre, quienes lleguen por la ruta Buenos Aires-Viedma con Aerolíneas Argentinas podrán acceder, presentando su tarjeta de embarque, a promociones como 3x2 en alojamientos, descuentos en excursiones y rebajas en alquiler de vehículos.

Es una buena estrategia inicial porque intenta convertir pasajeros en visitantes y visitantes en consumo local.

Políticamente, la ampliación de vuelos también puede leerse como parte de una discusión más amplia sobre el modelo de ciudad que quiere ser Viedma.

Una Viedma encerrada sobre sí misma tiene límites evidentes.

Una Viedma conectada con Buenos Aires, integrada al Camino de la Costa y capaz de funcionar como puerta de entrada al litoral rionegrino tiene otra escala.

Y eso debería abrir una conversación que exceda a los gobiernos de turno.

Porque si la ciudad quiere aprovechar esta oportunidad deberá coordinar municipio, Provincia, sector privado, instituciones, prestadores turísticos y comunidad. La conectividad aérea puede ser gestionada por una aerolínea y negociada por un gobierno, pero su aprovechamiento final depende de una ciudad entera.

Hay una paradoja interesante: durante mucho tiempo Viedma reclamó que el resto del país la mirara. Ahora tiene una oportunidad para hacer algo más inteligente: hacer que el resto del país tenga motivos concretos para venir.

Los seis vuelos semanales son, en ese sentido, bastante más que seis vuelos.

Son seis posibilidades nuevas de que alguien llegue.

Se quede, consuma,  invierta, conozca, vuelva, y recomiende.

La verdadera noticia, entonces, no es que Viedma tenga dos vuelos más.

La verdadera noticia es que, por primera vez en mucho tiempo, la discusión puede empezar a ser otra: qué hacemos con una ciudad que tiene mejores condiciones para conectarse con el país y para convertirse en la puerta de entrada de toda una región.

La respuesta no la dará el aeropuerto.

La dará Viedma.


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Autor: Addmin25