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La obra fue recopilada por Santiago Rey y Ángeles Alemandi para la colección La Tejedora, que abre paso con este volumen a las narrativas creativas de largo aliento. Su presentación formal tuvo lugar en la Biblioteca de la Legislatura de Río Negro, en Viedma, donde Rey compartió panel junto a dos de las autoras del libro: las periodistas Mónica Molinari y Carolina González.

El origen del libro se nutre de trabajos presentados en el Concurso de Crónica Patagónica, piezas surgidas de la Diplomatura en Narrativas Creativas de No Ficción —dictada entre la UNRN y la Fundación— y textos publicados en el portal En estos días. Con prólogo de Ana Cacopardo, el volumen se divide en cuatro ejes temáticos (Derivas del yo, Territorios de pertenencia, Cartografías de lo real y Ecos y silencios). Esta última sección resguarda el texto de Juan Carlos Jalil que le da nombre al volumen: una investigación que rescata la figura de Napoleón Argentino Araneda, pianista barilochense secuestrado y desaparecido en Mendoza durante la última dictadura cívico-militar producto de la persecución por su orientación sexual.

 

Narrar la violencia de género sin clichés: el compromiso de Carolina González

En el marco del encuentro en la capital rionegrina, la periodista Carolina González abordó los entretelones de su participación en el volumen. Su texto se adentra en el femicidio de Silvia Vázquez Colque, un caso de altísima repercusión en la zona que la autora investigó exhaustivamente durante años antes de volcarlo al formato narrativo.

"Mi crónica relata de forma amplia y profunda la historia del femicidio de Silvia Vázquez Colque. Es una investigación que llevé adelante durante muchísimo tiempo y que luego plasmé en una única pieza para el concurso de la Fundación," explicó González durante la presentación.

Para la cronista, la oportunidad de publicar estas historias en un formato de largo aliento permite correrse de la inmediatez mediática diaria para ofrecer lecturas que inviten a la reflexión comunitaria:

  • Desmitificar el territorio: Romero y cuestionar la visión idílica de la Patagonia que habitualmente imponen los medios porteños o centrados en el turismo.
  • El tiempo del relato: Usar herramientas periodísticas y literarias no para ficcionar, sino para otorgar sosiego y profundidad analítica a hechos atravesados por la tragedia.
  • La trinchera del formato: Entender la no ficción narrativa como una herramienta de posicionamiento político e histórico sobre qué hechos merecen ser rescatados del olvido.

     

"Los Viejos": el caso que alumbró la crueldad y el abandono estatal

En la misma obra, la periodista Mónica Molinari redacta "Los Viejos", una crónica desgarradora que desentraña una de las tramas judiciales más oscuras que sacudieron a la ciudad de Viedma en la última década.

Un entramado de poder y vulnerabilidad

El texto remonta sus líneas a marzo de 2015, arrancando con el hallazgo del cuerpo de Fabián Peralta en el barrio Santa Clara, un empleado estatal que actuaba de chofer y nexo en una red de explotación sexual. La causa expuso cómo una banda integrada por hombres acomodados —entre ellos un reconocido juez penal (Juan Bernardi), un estanciero, un escribano, un comerciante y un empresario nocturno— captaba a menores de entre 13 y 17 años que se encontraban institucionalizadas o bajo programas de contención estatal.

A cambio de algunos billetes de cien pesos, zapatillas, cargas de celular o la promesa implícita de no perjudicar a familiares detenidos, estos hombres abusaron sistemáticamente de la precariedad de las víctimas. La investigación derivó en destituciones y sentencias de prisión que alcanzaron hasta los 12 años para varios de los implicados.

La mirada humana y la deuda del Estado

El verdadero valor del trabajo periodístico de Molinari no reside en el morbo procesal, sino en la sensibilidad humana con la que examina la vida de las jóvenes involucradas. Su crónica rescata testimonios clave, como los de María del Carmen Donadío —la funcionaria de Desarrollo Social que se animó a dar la primera voz de alarma— y la psicopedagoga María Luz Agrelo, quien desde la OFAVi acompañó la soledad de las adolescentes.

El relato pone al descubierto una verdad amarga: las víctimas, sumidas en adicciones y en una contención estatal fragmentada, no se percibían a sí mismas como explotadas, sino que intentaban proteger a sus propios victimarios. Un Estado que actuó para sancionar el delito judicial, pero que falló a largo plazo en reinsertar y sanar a esas jóvenes, devolviéndolas al mismo terreno desprotegido donde la vulnerabilidad volvió a cobrar sus cuentas.


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Autor: Adminn25