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Parece sacado de una película de ciencia ficción: un pez de apenas nueve centímetros, sin escamas, que vive en un único punto del mapa, "más allá de donde el diablo perdió el poncho". Pero la mojarra desnuda (Gymnocharacinus bergii) es real, y podría convertirse en el emblema de la ictiología argentina.

La iniciativa, impulsada por el reconocido zoólogo Hugo Luis López, doctor en ciencias naturales, ex jefe de la división de zoología de vertebrados del Museo de La Plata y miembro honorario de la Fundación Azara, busca que esta especie autóctona sea declarada el pez emblema de la Argentina.

Un sobreviviente de otro mundo

La historia de la mojarra desnuda empieza en 1903, cuando el zoólogo austríaco Franz Steindachner la describió a partir de ejemplares enviados por Carlos Berg, director del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Desde entonces, este pequeño pez ha sido motivo de atención y estudios en un recóndito rincón de la provincia de Río Negro: el arroyo Valcheta, al pie de la Meseta de Somuncurá.

Su nombre científico ya anticipa su rareza: gymnos (desnudo) y charax (pez). Y es que la mojarra desnuda pierde sus escamas durante su desarrollo, un rasgo que la diferencia de cualquier otro pez de la región.

Pero lo que realmente la vuelve única es su origen. La mojarra desnuda es la única embajadora de una época remota, cuando la Patagonia era selvática, pantanosa, húmeda y cálida, habitada por enormes bestias hoy inexistentes. Mientras todo se enfriaba y la biodiversidad se transformaba, este pez encontró refugio en las aguas termales del arroyo Valcheta y se quedó ahí, sin darse cuenta de que el mundo cambiaba. Es el único sobreviviente de su estirpe, los Gymnocaracinos, que integraron la gran familia de peces de escamas sudamericanos, característicos de las cuencas del Orinoco, Amazonas y del Plata.

Un ecosistema único en peligro

El arroyo Valcheta no es un curso de agua cualquiera. Es el único arroyo termal que emana de la mística meseta de Somuncurá, con aguas cálidas que mantienen temperaturas templadas durante unos centenares de metros. Ese microclima crea un ecosistema de una singularidad absoluta.

Allí no solo vive la mojarra desnuda. Comparten su hábitat la "rana oscura de Somuncurá" o "rana de Valcheta" (Pleurodema somuncurense), dos moluscos endémicos (Heleobia rionegrensis y Potamolithus valchetensi) y un insecto díptero (Focipomyia somuncurensis). Todos ellos son endemismos estrictos, es decir, no existen en ningún otro lugar del planeta.

Pero este paraíso perdido está amenazado. La construcción de canales para riego, el pisoteo del ganado y la introducción de especies exóticas como la trucha arcoíris —sembrada con fines deportivos y comerciales— han puesto en jaque a la mojarra desnuda. "Si el arroyo Valcheta se seca o se contamina, toda su población podría desaparecer", advierte López.

La lucha por su supervivencia

Desde 1994, la mojarra desnuda está protegida por la Ley 2783 de la provincia de Río Negro, que la declaró Monumento Natural. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la incluyó en la categoría "En Peligro", y los científicos argentinos la consideran una especie de máxima prioridad.

Pero los papeles no alcanzan. El verdadero trabajo de conservación lo llevan adelante la Fundación Somuncura y la Fundación Azara. "Nacimos de la Patagonia y trabajamos por su futuro", reza el lema de la Fundación Somuncura, que protege especies y restaura ecosistemas amenazados con especial foco en la Meseta de Somuncura.

Sus esfuerzos incluyen el monitoreo del arroyo, el control de especies invasoras y la educación ambiental en escuelas locales. Han sido capaces de detener el avance de las truchas y detectar nuevas amenazas, como la aparición de otra mojarra invasora que, además, trajo consigo una enfermedad que diezmó buena parte de la población.

El trabajo de campo es titánico. Y tiene reconocimiento: el presidente de la Fundación Somuncura, el doctor Federico Kacoliris, recibió el "Oscar verde" en 2025 por su labor en la zona.

¿Un emblema nacional?

Ahora, la mojarra desnuda podría dar un salto aún mayor. La propuesta de Hugo López será evaluada durante el Primer Congreso Argentino de Ictiología (CAI 2026), que se celebrará del 18 al 21 de octubre en Santa Fe bajo el lema "Conocer, desarrollar y conservar en tiempos de crisis".

"La propuesta surge al considerar que la mojarra desnuda representa la biodiversidad del país, la historia evolutiva y el esfuerzo de quienes dedican su vida para conservarla. Destacar a la mojarra desnuda podría ayudar a que más personas se interesen en su conservación", afirmó López.

Un símbolo de resistencia

La mojarra desnuda es, en definitiva, un ejemplo de resistencia evolutiva. Un pez que sobrevivió a cambios climáticos drásticos, a la extinción de sus parientes y a la depredación de especies invasoras. Pero su futuro no está garantizado.

"Esta realidad chiquita, perdida, permanece desconocida para la mayor parte de los argentinos", señala el especialista. Sin embargo, la mojarra desnuda ya movilizó el interés de más ictiólogos argentinos que ninguna otra especie.

Si en un futuro encuentran una mojarrita sin escamas dibujada sobre un pin en la solapa de un traje, un imán de heladera o una calcomanía, recuerden la épica científica que desató este pequeño bichito. Un elemento de nuestra biodiversidad que debería concentrar la atención y los esfuerzos de los únicos responsables por su supervivencia: los argentinos.


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Autor: Adminn25