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Bolivia fue durante una década el modelo que el bolivarianismo exhibía como prueba de que otra economía era posible: crecimiento sólido, deuda barata, reservas récord, gas abundante. Hoy el país atraviesa un clima prerrevolucionario, con reservas internacionales desplomadas, escasez de combustibles, brecha cambiaria y veinte años del MAS sepultados en las urnas. No fue ideología ni mala suerte: fue la ausencia de una visión estratégica que reinvirtiera la bonanza del gas, ignorara la informalidad estructural del 80% y mirara hacia adelante. La perla se apagó cuando se acabó el recurso que nadie se preocupó en reponer. Leer más

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