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PRIMERA SEMANA DE MARZO 

Hace tiempo que vengo charlando con un amigo el tema de hacer algo en los medios de comunicación, y no le encontraba la vuelta. Y esta semana, a propósito de una noticia sobre un tema en el que vengo investigando, me surgieron las ganas de decir lo que pienso, de emitir mi opinión, de ser parte del zoon politikon local. Es difícil enfocarse en medio de tanto caos informativo, guerras, crisis, y una cuestión no menor, comenzando la primera semana de clases. Entre el bombardeo de chats escolares, el comienzo de las actividades anuales, los precios de las cosas, los arranques de sesiones ordinarias de nación y provincia (un domingo), el reclamo docente, la conmemoración del 8M, la fiesta de la soberania en Patagones y el TC en Viedma, quedé un poco abrumada con tantas cosas. Pero acá va mi intento. 

La cuestión es que leí que Viedma tiene consensos políticos para encarar un proyecto de transformación digital, y justo, vengo dándole vueltas a este asunto en otro ámbito. Resulta que, si lo pensamos desde las urgencias, no parecería para nada urgente esta política al lado de otras que necesita la ciudad, como las obras para evitar, por ejemplo, que una tormenta deje a decenas de familias bajo el agua. Pero les propongo pensar el tema no desde la urgencia. Ténganme paciencia, a ver si me explico. 

Esta semana, les quiero hablar de las políticas de incorporación de tecnologías en la ciudad, las de modernización y gobierno abierto que vienen hace muchos años siendo parte de las políticas en todo el mundo. Los procesos de transformación digital vienen ganando terreno, y la pandemia aceleró este proceso: trámites en línea, sistemas de turnos digitales, plataformas de datos abiertos, aplicaciones para interactuar con el municipio o sistemas de información geográfica son parte de una agenda que promete mayor eficiencia, transparencia y cercanía con la ciudadanía. Viedma no es ajena a estas transformaciones y avanza gradualmente hacia formas más digitalizadas de gestión pública. Sin embargo, hay una pregunta que rara vez aparece en el debate: ¿para quién se diseñan estas tecnologías públicas? Porque si hay algo que sabemos es que las políticas, y en este caso, también la tecnología, es que nunca son neutrales.  Las políticas de digitalización del Estado pueden mejorar la vida cotidiana de la población, pero también pueden reproducir o incluso profundizar desigualdades existentes si no consideran cómo se distribuyen realmente los recursos, los tiempos, los conocimientos y las oportunidades entre distintos grupos sociales.

Las desigualdades existen y tienen múltiples dimensiones. Esto implica que las politicas no sólo afectan de manera diferencial por condiciones socioeconómicas o clase social, también por género, ingresos, por edad, no es lo mismo jóvenes que adultos mayores, por ubicación en el territorio, discapacidad o acceso a conectividad, entre otras tantas dimensiones. Y les cuento algo que seguramente experimentan a diario: aunque todos somos iguales ante la ley, estas diferencias influyen directamente en la posibilidad real de acceder a los derechos y entre ellos, a las políticas públicas y a los servicios digitales del Estado.

Por ejemplo, las mujeres, especialmente aquellas que sostienen tareas de cuidado, que somos la mayoría, solemos tener menos tiempo disponible para trámites complejos o procesos digitales extensos. Las personas mayores (todavía no, pero no falta mucho para que esté ahí) pueden enfrentar barreras en el uso de plataformas digitales. Y en sectores populares persisten brechas de conectividad y alfabetización tecnológica. Cuando las políticas públicas asumen que toda la ciudadanía tiene el mismo acceso a internet, el mismo tiempo disponible o las mismas habilidades digitales, lo que aparece como innovación puede convertirse en una nueva forma de exclusión silenciosa. Un trámite digital que reemplaza completamente la atención presencial puede resultar muy eficiente para algunos sectores, pero imposible para otros.

¿Y entonces?, ya escucho a los modernistas decir ¿qué es lo que queremos entonces? ¿volver a la edad media? Esos modernistas en general, son los mismos que nos aprueban leyes para retroceder con los derechos conquistados. Pero somos parte y necesitamos el debate, así que aqui va mi posición. La incorporación de un enfoque de género interseccional en la transformación digital es justamente una innovación, es mirar al futuro con datos significativos para orientar las políticas. SIgnifica, en primer lugar, hacer visibles, registrar y conocer estas estas diferencias antes de diseñar las soluciones tecnológicas, y no hacerlo por compensación de las desigualdades, sino por justicia social, para dotar a nuestras democracias representativas de más componentes de legitimidad que nos impliquen y que no sólo miremos desde afuera la inauguración de las sesiones legislativas cada año y votemos cada dos o cuatro años. 

Para que la transformación digital sea democrática, por ejemplo, se podrían generar datos desagregados sobre quiénes utilizan o no los servicios digitales del Estado, o analizar cómo impactan los trámites digitales en personas que están a cargo de las tareas de cuidado, o diseñar plataformas accesibles para personas mayores o con discapacidad y garantizar alternativas presenciales para quienes no pueden acceder a lo digital, involucrando además a organizaciones sociales y comunitarias en el diseño de los sistemas. Cuando estas perspectivas se integran desde el inicio, la tecnología pública puede convertirse en una herramienta poderosa para reducir desigualdades. Las plataformas digitales, por ejemplo, pueden facilitar el acceso a derechos, simplificar trámites, mejorar la información disponible para prevenir violencias o fortalecer la participación ciudadana en las decisiones públicas. El riesgo de una modernización ciega a las desigualdades aparece cuando se implementa una agenda de modernización centrada exclusivamente en la eficiencia administrativa o la innovación tecnológica, sin considerar sus efectos sociales.

Así las cosas, sin interseccionalidad la transformación digital puede generar una paradoja, un Estado aparentemente más moderno, pero menos accesible para quienes más lo necesitan. La digitalización puede crear nuevas barreras invisibles para personas con baja alfabetización digital, para quienes no tienen dispositivos propios o para quienes viven en barrios con conectividad limitada. Y cuando estas situaciones no se miden ni se discuten, las desigualdades quedan fuera del radar de las políticas públicas. Lejos de ser un problema, la agenda de transformación digital representa una gran oportunidad para las ciudades intermedias como Viedma. Incorporar una perspectiva interseccional permitiría diseñar políticas tecnológicas más inclusivas, más eficientes y más justas, capaces de responder a las realidades concretas de la población. 

En definitiva, la pregunta no es solo cómo digitalizar el Estado, sino cómo hacerlo sin dejar a nadie afuera. Porque una ciudad verdaderamente inteligente no es la que tiene más tecnología, sino la que logra que esa tecnología mejore la vida de todas las personas que la habitan. No se trata sólo de pensar la ciudad, sino de sentipensarla para habitarla de manera más plena. En el complejo contexto que vivimos, con fuertes retricesos en materias de derechos, se hace aún más necesario. 

Bueno, vuelvo a mi rol de uber familiar, y les dejo estas ideas, esperando poder dormir a la noche, si en la “7 de marzo” le bajan un poco el volumen a la música. Si, ya sé, el comentario denota que soy una persona muy sensible o que en breve también me identificaré como adulta mayor. 

Y cerca del 8M no está de más volver a recordar que el Día de la Mujer Trabajadora no se festeja,  se conmemora. Y visto el mundo y la discusión publica, tenemos que seguir en la lucha. 

Ustedes, qué opinan sobre el tema?. 

Les escribo la semana que viene. 

Saludos

Politiloca.

El nombre lo puso mi hijo cuando era chico y me preguntó por mi profesión. Politóloga le dije, politiloca es mejor, me dijo él. Y algo de razón tenía porque para meterse en algunas cosas hay que estar un poco loco, y si pretendemos comprender el mundo tal cómo está ni te cuento. Si la vida me deja, ésta será una columna semanal sobre la vida pública de la ciudad: decisiones, contradicciones, microhistorias de la política local y sus efectos en la vida cotidiana. Porque a veces la política explica la ciudad… y a veces la ciudad explica lo politiloco que puede ser todo. 


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Autor: Addmin25