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En una tarde marcada por un cielo encapotado y una lluvia persistente que no alcanzó a disuadir la voluntad colectiva, la ciudad de Viedma se vistió de memoria para conmemorar los 50 años del golpe cívico-eclesiástico militar del 24 de marzo de 1976. La capital rionegrina fue protagonista de una masiva movilización que transformó las calles céntricas en un ejercicio vivo de memoria, verdad y justicia.

Punto de encuentro: la Plaza San Martín

Cerca de las 17 horas, la Plaza San Martín comenzó a poblarse de un paisaje familiar pero siempre renovado. Pancartas con rostros que el tiempo no logra borrar, pañuelos blancos que actúan como brújula moral y banderas que flameaban pesadas por el agua se hicieron presentes entre los vecinos. A pesar del frío y las condiciones climáticas adversas, la urgencia por recordar fue más fuerte.

La columna, que superó las cinco cuadras de extensión, estuvo encabezada por referentes de la Asociación Civil de Familiares de Víctimas del Terrorismo de Estado de Río Negro. Detrás de ellos, una multitud compacta conformada por organizaciones sindicales, agrupaciones políticas, organismos de derechos humanos y una notable mayoría de jóvenes que, sin haber vivido la dictadura, hicieron propio el reclamo histórico.

Un recorrido por el corazón de la ciudad

La marcha partió por la Avenida 25 de Mayo y continuó por calles Buenos Aires, Saavedra, Garrone y Belgrano, trazando un mapa de resistencia por el centro viedmense. Durante el recorrido, los presentes expresaron con fuerza el pedido de Memoria, Verdad y Justicia, en un contexto nacional que atraviesa la República Argentina y que motivó numerosas voces a alzarse contra cualquier atisbo de negacionismo.

Vecinos sin banderas políticas también se sumaron a la caminata, demostrando que el reclamo por los 30.000 desaparecidos trasciende cualquier pertenencia partidaria.

Cierre en la glorieta: un documento consensuado

El regreso a la Plaza San Martín convirtió al espacio público en el escenario de cierre de una jornada cargada de simbolismo. En la histórica glorieta, los organizadores procedieron a la lectura de un documento consensuado que subrayó la importancia de la justicia y la dignidad frente a los crímenes de lesa humanidad.

Los discursos finales recordaron a los desaparecidos locales y reafirmaron que, a medio siglo del horror, Viedma sigue siendo una ciudad que elige no olvidar. La convocatoria no solo sirvió para revisitar el pasado, sino también para renovar el compromiso social con la vida y la libertad en el presente.

Bajo los paraguas y los pilotos empapados, quedó flotando una certeza entre los presentes: la memoria en la capital rionegrina es un músculo que se ejercita bajo el sol o bajo la lluvia, pero que jamás se detiene.


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Autor: Adminn25