Escuchar artículo

Cada 13 de febrero, el mundo entero sintoniza una misma frecuencia simbólica para celebrar el Día Mundial de la Radio. Es una jornada que invita a reconocer la trayectoria y la vigencia de un medio que, contra todos los pronósticos de obsolescencia, sigue siendo un pilar fundamental en la comunicación global. Pero más allá de los datos y las efemérides oficiales, en ciudades como Viedma y Patagones, esta fecha tiene un sabor particular: el de la cercanía, la compañía y el arraigo más profundo.

La fecha fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012, en homenaje a la creación de la Radio de las Naciones Unidas en 1946. Sin embargo, en Argentina, la historia con este medio viene de antes, mucho antes. Desde aquel 27 de agosto de 1920, cuando un grupo de jóvenes conocidos como los "Locos de la Azotea" realizaron la primera transmisión, el país se convirtió en pionero mundial y comenzó a tejer una relación entrañable con la radio. Una relación que, lejos de enfriarse con el paso de los años y la llegada de las nuevas tecnologías, se ha mantenido cálida y vigente, como un abrazo sonoro que llega a cada hogar.

En un mundo dominado por lo visual, la radio guarda un secreto a voces: su magia es invisible, pero se siente en el alma. Solemos tararear la canción que nos despierta, conmovernos con la noticia que llega desde el parlante del auto o sentir compañía en la soledad de la noche gracias a una voz amiga. Pero, ¿alguna vez nos detenemos a pensar en el viaje que hace esa voz hasta llegar a nosotros? ¿En las personas que, desde las sombras, hacen posible que la magia suceda?

Detrás de esa conversación íntima que la radio establece con el oyente, existe un universo de personas cuyo trabajo permanece invisible, pero que son los verdaderos arquitectos del sonido. Son los operadores técnicos, esos artistas silenciosos que, con manos firmes y oídos atentos, dan vida a la consola. 

Frente a una mesa de mezclas, su jornada es un constante y delicado equilibrio: elegir “el disco” adecuado para levantar el ánimo en una mañana lluviosa, encajar con precisión la cuña publicitaria o ajustar las perillas para que la voz del locutor se sienta cercana, como si estuviera al lado de quien escucha. Su trabajo incansable es el puente que transforma una idea en emoción.

Pero la cadena de calor humano no termina ahí. Hay que pensar en los ingenieros que, con una mezcla de conocimiento y valentía, trabajan en las alturas instalando y orientando las antenas. Como modernos sembradores de ondas, ellos permiten que la señal viaje kilómetros, cruzando valles y mesetas, llevando compañía al peón rural que arranca su jornada antes del alba y necesita saber, con voz clara y cálida, cómo va a estar el día.

Esta rica tradición se replica con fuerza en cada rincón de la Comarca. La radio en Viedma y Patagones vive un presente vibrante, con cerca de 40 emisoras que ofrecen las más variadas propuestas, demostrando un carácter federal y un arraigo popular inigualable. Aquí, el medio sigue siendo un espacio generador de conversación y pertenencia, gracias al trabajo incansable de quienes han dedicado su vida a construir ese vínculo único con el oyente.

Voces con trayectorias imborrables han tejido y tejen la historia del medio en la región. Figuras como Nito Santolaria, Néstor Oroño, Mauro Decandia, Ricardo Carlovich, Alejandro Retamal, Norberto Pereyra, Gustavo Pascualetti, Mario Lino, Galo Martínez, Roberto Linares Balda, El Pato Lobos, Daniel Ferrer, Marcos Pavlin, Roberto “Finito” Otero,  Daniela Navarro, Daniel Fridkin, María Susana, Raúl Álvarez, Chely Oporto, María Ángela, Néstor y Olga Busso, Don Angel Azaroff,  El Pollo Carriqueo, Cuqui Ferrari, Miguel Roa, Omar Videla, Estela Jorquera, Mario Porretti, Eduardo Reyes, El Cholo Aguirre, Javier Cambarieri, Carlos Frases, Eduardo Varela, Gustavo Bosco, Pablo Fedorco, Omar Livigni y Miguel Romano, Adrian Pecollo, Jorge Olivero, Carlos Espinosa son solo algunas de las y los referentes que, desde sus estudios y micrófonos, han acompañado y acompañan la vida cotidiana de generaciones enteras. 

Ellos y tantos otros son la prueba de que, lejos de desaparecer, la radio en Argentina sigue siendo una herramienta central en la vida cotidiana. Han sabido evolucionar, adaptarse a los nuevos formatos y plataformas, pero sin perder jamás su esencia: la de ser compañía, información y entretenimiento para los vecinos que “sintonizan el dial”.

En la cabina, la simbiosis es perfecta. Mientras el operador cuida cada detalle técnico, el locutor le pone el cuerpo a la noticia, le imprime alma al aviso comunitario o le pone el tono justo al informe del tiempo. Uno es el alma, el otro es el cuerpo que le da forma y alcance. Así, en cada amanecer y en cada madrugada, la radio late gracias a un equipo de personas que entienden que su oficio va más allá del botón o del guión. Son una familia que, desde la consola o desde el mástil de la antena, trabajan sin descanso para que la magia siga encendida. Porque si la radio es el corazón de la ciudad, ellos son, sin duda, las manos y las voces que la mantienen latiendo.

Gracias a todos los que ayudaron a escribir la nota y perdon a los que no nombré. 

Marcelo Zapata - EsteSur.com.ar


ESTESUR también en WhatsApp.

Sumate al canal y recibí las noticias al instante.

Sumarme al canal
Autor: admin