El Día del Gauchito Gil: entre el fervor popular y la ola de vandalismo que golpea sus altares
Mientras miles de devotos honran al "santo de los humildes", una serie de ataques sistemáticos destruye sus ermitas e imágenes en Viedma y Patagones, en lo que la comunidad percibe como un ataque a su libertad religiosa.
Hoy, 8 de enero, se conmemora en gran parte del país el Día del Gauchito Gil, una fecha que trasciende el calendario oficial para encarnarse en la religiosidad popular. Mientras miles de promesantes en el Noreste argentino peregrinan hacia su santuario en Mercedes, Corrientes, en la Comarca Viedma-Patagones la veneración al “santo de los humildes” vive una paradoja: crece su arraigo al tiempo que sus altares son blanco de ataques sistemáticos.
En cruces de caminos, al borde de rutas y en rincones de barrios, la presencia del pañuelo rojo flameante persiste. Estos altares espontáneos, levantados por la fe popular, mantienen viva la memoria de Antonio Mamerto Gil Núñez, aquel hombre correntino que se rebeló contra una guerra injusta, compartió lo poco que tenía y fue ejecutado en 1878. Su leyenda, que cuenta que su primer milagro fue para su propio verdugo, lo erigió en un interlocutor divino para los desprotegidos, un símbolo de justicia terrenal y esperanza.
Sin embargo, en los últimos meses, esta devoción arraigada choca contra una ola de vandalismo que ha afectado no solo a las ermitas del Gauchito Gil, sino también a imágenes de la Virgen y otros santos populares como la Difunta Correa y Ceferino Namuncurá. En la región, testigos han reportado la sistemática remoción de estas figuras. Se describe el accionar de una camioneta Ford Ranger o Ram blanca, cuya ocupación fue filmada en al menos una oportunidad destruyendo con violencia una imagen del Gauchito dentro de una casilla. Las denuncias penales por robo y vandalismo se multiplican, pero las investigaciones avanzan con lentitud, ante la falta de cámaras de seguridad con cobertura en muchos de estos lugares aislados.
Los ataques no son nuevos ni aislados. Entre noviembre de 2025 y enero de 2026 se sucedieron hechos de gran violencia: la ermita de la Virgen de San Nicolás en el Cerro de la Caballada fue destruida dos veces –la segunda apenas un mes después de ser restaurada–; la imagen de la Virgen del Rosario de San Nicolás en el acceso a Bahía San Blas fue destrozada; y también fue dañada la imagen de la Virgen del Agro en el puente ferrocarretero. La sincronía de algunos ataques y el ensañamiento han llevado a la comunidad y a algunos referentes a sospechar de un móvil que va más allá del vandalismo ocasional, apuntando a una suerte de “batalla cultural” o intolerancia religiosa. En este contexto, ha surgido el nombre de un pastor evangélico local, señalado por un video donde destruiría una imagen, aunque su vinculación con los otros hechos aún está bajo investigación.
Frente a esta embestida, la respuesta de los creyentes es de dolor, pero también de una fe inquebrantable. “La figura es el final de todo un proceso. Esto está dentro de la vida diaria de las personas, de las familias”, reflexionó un vecino, destacando que la devoción es más profunda que el objeto material. La comunidad católica y los promesantes se encuentran consternados, pero hay una certeza: los altares, tarde o temprano, volverán a levantarse. Porque la fe en el Gauchito, como la de los otros santos populares, nace de una necesidad colectiva de protección y justicia, y esa es una llama que no se apaga con martillazos ni con camionetas. Es una espiritualidad que se teje en el paisaje y en el corazón, y hoy, en su día, esa fuerza se reafirma más que nunca.
Adminn25
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