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Este 1 de diciembre, el Día Mundial de la Lucha contra el VIH/SIDA, trae consigo un mensaje perenne de solidaridad, inclusión y derechos, aunque el contexto haya cambiado radicalmente desde los primeros años de la epidemia. Quienes estuvieron en la primera línea, como los referentes del histórico Galpón de Viedma, recuerdan un tiempo sin medicamentos, con diagnósticos lentos y complejos, y sobrecargado de miedo y estigma.

“Para nosotros, desde el primer día, lo más importante fue la escucha, la palabra, el abrazo y la contención. Eso definió al Galpón: la empatía, la identidad y la no discriminación”, recuerda Nelly Costa, referente de la organización. Esa apuesta por humanizar la respuesta fue crucial en una época en que el desconocimiento generaba un temor paralizante, similar –señala– al que luego se vivió con el COVID-19.

Los avances científicos han sido enormes: hoy existen tratamientos que hacen al virus indetectable e intransmisible, y las pruebas rápidas dan resultados en 15 minutos. Sin embargo, persisten viejos fantasmas. “Hoy todavía te dicen: ‘¿Para qué me voy a hacer el test? No quiero saber’”, explica Costa, y subraya la importancia vital del diagnóstico temprano para preservar las defensas y evitar infecciones oportunistas. “En el país es un gran problema porque hay muchas personas que llegan tarde al diagnóstico”, advierte.

La prevención, un derecho que necesita recursos

Más allá de los avances, Costa enfatiza que la lucha se enfrenta a nuevos y viejos obstáculos, muchos vinculados a decisiones políticas y recursos. Denuncia recortes en la provisión de preservativos a nivel nacional el año pasado, lo que forzó a las provincias a reorganizar la distribución con demoras. También menciona dificultades en el acceso a estudios de carga viral, esenciales para el seguimiento de las personas con VIH, y la falta de un laboratorio de referencia en la provincia.

“Las campañas tienen que… eso no sale gratis. Siempre la prevención está vista como que tiene que ser gratuita, voluntaria, y en realidad tiene que ser acompañada de recursos”, afirma. Esta carencia también impacta en la comunicación y la educación sexual integral (ESI), áreas clave para llegar a las generaciones más jóvenes. “Todo es mucho a pulmón. Hemos creído que esto es voluntad, y no debiera ser así”, reflexiona.

Actividades y una alerta por el recurso humano

En el marco de la conmemoración, el Galpón realizó ayer un “pañuelazo” en el puente ferroviario y hoy lleva adelante una jornada de testeo, asesoría y vacunación en la Plaza Alcina de Viedma, bajo el lema “Podés prevenir, podés saber y podés tratar”. Las actividades se extenderán durante la semana en ferias, centros culturales y áreas rurales, buscando generar oportunidades de encuentro y comunicación.

Pero tras la jornada de visibilidad, Costa lanza una alerta sobre la sostenibilidad del trabajo: el equipo enfrenta una crítica escasez de personal. “En febrero se jubiló otra compañera… estamos más que complicados”, revela, y anuncia que el año próximo también se jubilará una de las infectólogas, sin reemplazos a la vista. “El recurso humano es vital… necesitamos que se resuelvan los nombramientos. La calidad de atención y mantener la puerta abierta y la confianza de la comunidad es sumamente importante”.

El mensaje final es un llamado a la responsabilidad colectiva. “Esto es colectivo”, remarca Costa, agradeciendo los espacios de difusión. La lucha contra el VIH, la sífilis y el estigma sigue vigente, y requiere no solo memoria y solidaridad, sino también decisiones políticas concretas que aseguren los recursos humanos y materiales para continuarla.

Autor: Adminn25